
En Oleiros o en las parroquias de Arteixo, el punto de partida suele ser un depósito de gasóleo guardado en el garaje, no una red de gas que apenas llega a los núcleos urbanos. Al pedir presupuesto para sustituir ese equipo por una bomba de calor aire-agua, el orden lógico empieza con el cálculo de carga térmica y la comprobación de emisores: los radiadores de hierro fundido suelen aguantar bien a baja temperatura, pero conviene verificarlo estancia por estancia. Después se define la ubicación de la unidad exterior, respetando la orientación frente al viento marino en zonas como Santa Cruz o Mera.
Aquí es donde suelen faltar partidas en los presupuestos iniciales. La obra hidráulica para retirar el tanque y conectar el acumulador de agua caliente sanitaria a veces se presupuesta por separado, igual que el desagüe necesario para evacuar el agua del desescarche frecuente por la humedad del orballo. También hay que contar con la parte eléctrica: circuitos propios y, en viviendas antiguas de Narón o Carballo, posibles ajustes de potencia contratada. Exige que cada uno de estos seis bloques aparezca desglosado antes de firmar cualquier oferta.
Por qué aquí se compara contra el gasóleo y no contra el gas
La red de gas natural da cobertura a A Coruña, Ferrol, Narón, Santiago, Arteixo y Culleredo. Fuera de ese perímetro urbano, en Oleiros, Carballo o Ribeira, la calefacción se suele sostener sobre gasóleo con depósito propio, bombonas de butano o propano, e incluso leña en las parroquias más alejadas. Esta diferencia cambia por completo el cálculo de lo que cuesta calentar una casa frente a la opción de instalar una bomba de calor aire-agua.
Cuando el sistema actual consume gasóleo o gases licuados, el precio del combustible es uno de los factores dominantes en la factura. Comparar aquí contra el coste del kilovatio eléctrico es distinto a hacerlo donde ya existe conexión al gas canalizado: el salto económico percibido no depende solo de la eficiencia del equipo, sino de cuánto pagas hoy por litro de gasóleo o por botella de propano. En viviendas unifamiliares de Santa Cruz o Perillo, con radiadores de hierro fundido y depósitos enterrados, esa referencia de gasto previo marca la base real sobre la que valorar la nueva instalación.
Primero los emisores, después la máquina
La máquina rinde más cuanto menor es la temperatura del agua que envía a los emisores, así que el primer paso lógico es mirar qué radiadores quedan en casa antes de tocar nada hidráulico. En Oleiros o Sedes, muchas unifamiliares conservan sus antiguos cuerpos de hierro fundido; tienen mucha masa y suelen funcionar bien con impulsiones bajas, lo que encaja perfectamente con una bomba de calor. Sin embargo, los radiadores pequeños de aluminio instalados en reformas posteriores no siempre dan el ancho para calentar sin subir mucho el termostato.
Por eso, la comprobación se hace estancia por estancia. No vale con calcular la carga total de la vivienda: hay que verificar si cada emisor tiene la potencia necesaria a baja temperatura. Si te encuentras con un piso pequeño pero con estos radiadores ligeros, quizá haya que cambiarlos por otros más grandes o considerar fancoils. Pide en tu presupuesto escrito que las empresas instaladoras detallen el cálculo individualizado por zona, especificando qué se conserva y qué requiere sustitución para que la máquina trabaje cómoda.
Qué se hace con el depósito, sobre todo si está enterrado
Al quitar la caldera vieja, el trabajo no acaba en desmontar el hierro y llevarlo al punto limpio. Si había un depósito de gasóleo, hay que vaciarlo por completo antes de moverlo, porque los restos de combustible estropean el suelo o generan olores durante la obra hidráulica nueva. En viviendas unifamiliares de Oleiros o Arteixo es habitual que ese tanque esté enterrado en el jardín. Sacarlo implica picar tierra, extraer el recipiente y rellenar el hueco, una tarea que se sale del alcance típico de una instalación de aerotermia.
Estas partidas suelen aparecer tarde, a menudo como sorpresas cuando ya está abierta la zanja. Por eso conviene exigir que el presupuesto detalle por separado el coste de retirada del depósito superficial y, si aplica, el precio adicional por excavación y gestión de residuos de un enterramiento. Los instaladores de la provincia trabajan con estos escenarios a diario, especialmente en casas antiguas de A Coruña o Ferrol donde el fueloil era lo normal. Pedir ese desglose escrito antes de firmar evita parones y permite comparar en paralelo qué empresas incluyen la demolición menor y cuáles la cobran aparte.
El acumulador de agua caliente entra en la ecuación
Al quitar la caldera, desaparece también el agua caliente que producía. Por eso, dimensionar bien el acumulador es tan importante como elegir la bomba de calor. Hay que decidir los litros necesarios según cuánta gente viva en la casa y dónde se coloca el depósito para no perder metros útiles. También importa saber cuánto tarda en recuperar el calor después de una ducha larga o un baño completo, algo que condiciona la comodidad diaria.
En Oleiros, muchos unifamiliares tienen un cuarto de instalaciones libre en el garaje. Ese hueco permite colocar depósitos grandes sin invadir zonas nobles, aprovechando el espacio donde antes estaba el depósito de gasóleo. En Ribeira, las casas con dos viviendas simultáneas necesitan más capacidad porque la demanda sube cuando varias personas usan el agua a la vez. Aquí el cálculo cambia: no vale lo mismo para una pareja que para dos núcleos familiares compartiendo la misma red hidráulica.
La parte eléctrica, la partida que más se olvida
En Narón, sobre todo en las casas de O Val, Castro o Pedroso que fueron creciendo por fases durante décadas, la parte eléctrica suele quedar al margen del cálculo inicial. Los cuadros de distribución siguen siendo los originales, con protecciones desfasadas y una potencia contratada que apenas da para lo básico. Al añadir un equipo de aerotermia a un circuito compartido con el resto de electrodomésticos, se provocan cortes constantes y el sistema no funciona como debe.
La oferta de la empresa instaladora debe desglosar esta partida sin ambigüedades. No basta con poner el precio de la máquina: hay que especificar el tirado de un circuito propio desde el cuadro principal hasta la unidad exterior, con su cableado dimensionado y sus protecciones independientes. También conviene incluir la revisión de la potencia contratada, porque en muchas viviendas unifamiliares de estas parroquias será necesario tramitar un aumento con la comercializadora antes de poner en marcha el equipo.
El calendario, y dónde encajan las ayudas
El calendario de una instalación sigue un orden lógico que conviene respetar para no perder ayudas. Primero llega la visita técnica, donde se miden los espacios y se evalúa el estado de los emisores existentes. Después viene el cálculo de cargas térmicas y la decisión sobre qué unidades exteriores e interiores encajan mejor en la vivienda. La obra física ocupa el centro del proceso, seguida de la puesta en marcha por parte de los instaladores. El cierre administrativo exige el registro de la instalación térmica, un trámite necesario para acreditar la legalidad y el correcto funcionamiento ante cualquier revisión futura.
En Galicia, las convocatorias de eficiencia energética las canaliza el Instituto Enerxético de Galicia. Sus requisitos cambian de una edición a otra, por lo que es vital consultar las bases vigentes antes de firmar nada. Muchas ayudas exigen que la obra no haya empezado previamente; si ya han anclado la unidad exterior o abierto rozas, podrías quedar fuera del reparto. Antes de aceptar un presupuesto, pide por escrito que se confirme la compatibilidad con las líneas actuales de subvención y que se detallen las fases que no pueden iniciarse hasta recibir el visto bueno administrativo.