
Es la partida que más distancia deja entre dos presupuestos y casi nunca aparece desglosada. No basta con suponer que los radiadores actuales valen para una bomba de calor aire-agua; hay que ver si aguantan baja temperatura. En A Coruña, los antiguos de hierro fundido del ensanche o en Oleiros suelen tener tanta masa que funcionan bien sin cambiar nada, manteniendo el coste bajo. Pero en las reformas de pisos pequeños o en promociones de los noventa, como Matogrande, los radiadores de aluminio son cortos para ese régimen.
La comprobación se hace habitación por habitación. Una casa puede tener el salón preparado y el dormitorio necesitar cambio de emisor. Si al pedir presupuesto no viene especificado cuántos aparatos se reemplazan y cuáles conservas, estás comprando a ciegas. Pide siempre el detalle: qué radiador se queda, cuál sale y por qué. Así ves si esa diferencia de mil euros es real o solo un cálculo distinto sobre lo mismo.
Qué significa trabajar a baja temperatura
Una bomba de calor aire-agua trabaja mejor cuando le pedimos que entregue el agua más fría posible. Por eso, en viviendas unifamiliares de Oleiros o parroquias de Arteixo, donde abundan los suelos radiantes y fancoils, la maquinaria aprovecha al máximo su rendimiento. El principio es sencillo: cuanto menor sea la temperatura a la que calienta el circuito, menos esfuerzo hace el compresor. Esto resulta especialmente ventajoso en nuestra franja litoral, donde las mínimas rara vez bajan de valores templados y la humedad del orballo obliga a ciclos de desescarche que, aunque normales, restan eficiencia si el equipo tiene que trabajar duro para subir grados.
Pero esto no significa cambiar todos los emisores existentes. En A Coruña, muchos pisos conservan radiadores de hierro fundido con gran masa térmica que emiten bien a baja temperatura, mientras que en Caranza o barrios recientes de Santiago pueden quedar cortos los modelos pequeños de aluminio. La clave está en la superficie disponible. Antes de decidir obras, conviene que la empresa instaladora calcule la carga por estancia y verifique si los aparatos actuales aguantan esa impulsión suave. Si es así, se evita una reforma mayor; si no, el presupuesto incluirá el cambio puntual solo donde haga falta, ajustando la inversión real a cada habitación.
Por qué el hierro fundido del ensanche suele dar juego
En los edificios del ensanche coruñés de los cincuenta y sesenta, y en las casas unifamiliares de Oleiros o Sedes, los radiadores de hierro fundido tienen mucha masa y gran superficie. Esa combinación les permite trabajar con agua a baja temperatura sin problema. Como la bomba de calor rinde más cuanto menos caliente necesita impulsar el circuito, estos emisores antiguos son candidatos ideales para mantenerlos en lugar de cambiarlos por otros nuevos.
El contraste llega con las reformas de los noventa, donde se instalaron radiadores de aluminio pequeños buscando rapidez estética. Esos paneles ligeros necesitan agua muy caliente para emitir el mismo confort, algo que obliga al equipo exterior a forzar su compresor y bajar su eficiencia. Antes de pedir presupuesto para una sustitución total, conviene revisar estancia por estancia qué hay puesto. Si conservas esos hierros pesados, pides a la empresa instaladora que confirme en el cálculo de carga térmica si aguantan el cambio a aerotermia.
La comprobación se hace estancia por estancia
El cálculo de carga térmica no se hace sobre la superficie total, sino estancia por estancia. En un piso del ensanche de A Coruña con galerías acristaladas corridas, o en una vivienda unifamiliar de Oleiros con radiadores de hierro fundido, cada habitación tiene sus propias pérdidas y ganancias de calor. La empresa instaladora evalúa la orientación de los muros, el tipo de cerramiento y las ventanas para determinar cuántos vatios necesita ese cuarto concreto. Después mide lo que entrega el emisor existente a la temperatura de impulsión prevista para la bomba de calor aire-agua. Si el aparato no cubre la demanda calculada, hay que ampliar el número de elementos o sustituirlo.
Lo habitual es encontrarse con resultados mixtos dentro de la misma casa. Los salones grandes con pocos muros exteriores pueden funcionar bien con sus emisores actuales, mientras que los dormitorios del norte o las zonas próximas a puertas hacia el patio requieren ajustes. No basta con ver si la potencia global del equipo es suficiente; importa cómo reparte el calor localmente. Al pedir presupuesto, conviene solicitar expresamente este desglose por habitación y la comprobación técnica de los radiadores existentes. Así sabrás de antemano qué obras hidráulicas o cambios de emisores están previstos en la oferta, evitando sorpresas cuando el equipo ya esté instalado y funcionando en el clima húmedo de la costa.
Qué se hace con las habitaciones que no llegan
Cuando una habitación se queda fría, la primera sospecha suele caer sobre la potencia del equipo. Sin embargo, en una unifamiliar de dos plantas en Oleiros o Arteixo, el problema habitual reside en los dormitorios orientados al norte. Esas estancias tenían radiadores de hierro fundido que funcionaban bien con gasóleo a alta temperatura, pero ahora reciben agua templada de la bomba de calor y no irradian suficiente calor. Antes de pedir un presupuesto para cambiar toda la instalación, conviene revisar si ese emisor concreto es demasiado pequeño para la nueva temperatura de impulsión.
Las soluciones pasan por ampliar la superficie de intercambio en esa estancia específica. Se puede sustituir únicamente el radiador deficiente por uno de mayor tamaño o más eficiente, añadir un fancoil eléctrico complementario para las noches húmedas de orballo, o incluso reasignar el uso de la habitación, convirtiendo ese cuarto frío en vestidor. La empresa instaladora debe calcular la carga térmica real de cada dormitorio, teniendo en cuenta los muros de piedra y la falta de aislamiento típica de las casas de costa de los ochenta.
Partir de calor eléctrico es otro punto de partida
En Esteiro, Caranza o Vista Alegre no hay caldera. La calefacción viene de convectores eléctricos y el agua caliente de un termo independiente. Aquí la situación es distinta a la de una casa con radiadores de hierro fundido: no existe circuito hidráulico previo que aprovechar. Habrá que tender tuberías desde cero hasta cada estancia.
Puede parecer un engorro, pero en realidad iguala el esfuerzo de obra al de cambiar radiadores por suelo radiante. Ya que hay que abrir paredes o suelos para tirar los tubos nuevos, aprovechar para poner emisores de baja temperatura sale casi a cuenta. El coste se acerca porque la partida mayor, la obra civil, ya está prevista en ambos casos. No se trata de ahorrar en materiales, sino de rentabilizar la apertura necesaria para conectar la bomba de calor aire-agua.
Al pedir presupuesto, pregunta explícitamente si incluye la creación del circuito hidráulico nuevo y qué tipo de emisor recomiendan para trabajar a baja impulsión. Aprovecha que la zona litoral tiene inviernos templados para buscar equipos que rindan bien sin heladas fuertes, aunque ojo con la humedad diaria que obliga a frecuentes desescarches en la unidad exterior.
Cómo pedir esta partida desglosada
Pide siempre un listado detallado de emisores. No vale el total global: exige que la empresa instaladora especifique cuántos radiadores se conservan, cuáles se amplían en tamaño y cuáles se sustituyen por unidades nuevas. Debe constar el precio individual de cada elemento. En A Coruña o Ferrol, donde muchos pisos mantienen los radiadores de hierro fundido originales, esta distinción es vital porque una reforma parcial tiene un coste muy distinto a un cambio completo. Si dos presupuestos para el mismo equipo difieren en miles de euros, casi seguro es aquí donde está la diferencia oculta.
En unifamiliares de Oleiros o parroquias de Arteixo con depósitos de gasóleo, a veces basta con mantener los actuales; en bloques de Narón con cuadros eléctricos antiguos, quizá convenga cambiarlos todos. Usa el formulario para solicitar esa comparativa desglosada. Así podrás ver si te están cobrando de más por piezas que no necesitas tocar o si falta presupuesto para los cambios reales. Es la única forma de asegurar que pagas exactamente por lo que entra en tu casa.