Cuánto cuesta la aerotermia en un piso de 100 metros, dato a dato

Cuánto cuesta la aerotermia en un piso de 100 metros, dato a dato

La pregunta por el precio suele responderse con una media nacional que poco tiene que ver con la realidad coruñesa. En un piso de unos cien metros cuadrados que mantiene sus radiadores, la inversión orientativa se mueve entre los siete mil y los veintidós mil euros, pero esa cifra esconde partidas muy distintas según la vivienda. No vale comparar con obras en la meseta: aquí el invierno no congela tanto como humedece, lo que obliga a gestionar el desescarche frecuente y el desagüe correspondiente.

Cinco factores mueven esta balanza en A Coruña. Primero, el estado de los emisores; las galerías acristaladas o los radiadores de hierro fundido funcionan bien a baja temperatura, mientras que los pequeños de aluminio suelen necesitar sustitución. Segundo, la distancia y el paso del circuito hidráulico desde la fachada hasta el interior. Tercero, si la unidad exterior requiere tratamiento anticorrosivo por proximidad al mar, algo habitual en Monte Alto o Riazor. Cuarto, la potencia eléctrica contratada, a menudo insuficiente en edificios antiguos. Y quinto, la ubicación exacta de la máquina y su anclaje seguro.

Por qué el precio por metro cuadrado engaña

Poner una cifra sobre los metros cuadrados suena cómodo, pero oculta cuatro variables que cambian el coste real. El importe asume que la envolvente del edificio, los emisores de calor, el sitio donde va a ir la unidad exterior y lo que se quita para poner la nueva son iguales en dos pisos vecinos. En A Coruña no lo son. Un piso con galerías acristaladas en el ensanche pierde calor distinto al de un bloque de los noventa en Matogrande con cubierta comunitaria, aunque ambos midan lo mismo. Los radiadores de hierro fundido de siempre admiten impulsión baja; los de aluminio pequeños de reformas recientes pueden quedarse cortos y exigir cambios.

Al dividir el total por la superficie, se borra esa complejidad. Se ignora si hay hueco suficiente para la máquina o si hace falta obra hidráulica pesada. Tampoco cuenta el gasóleo enterrado que se retira en Oleiros frente al radiador eléctrico de Caranza, en Ferrol. Ninguna empresa instaladora puede cerrar precio sin ver esos detalles concretos. Lo útil es pedir desglose por partidas: cálculo de carga, anclaje con desagüe, parte eléctrica y acumulador. Así comparas soluciones reales, no promedios que engañan.

La horquilla que se maneja, con su advertencia

Una instalación completa se mueve entre unos 7.000 y unos 22.000 euros, una horquilla orientativa que depende siempre de la visita técnica. El extremo bajo lo marca un piso de unos 100 metros cuadrados en A Coruña o Ferrol que conserva sus radiadores de hierro fundido. Esos emisores antiguos tienen mucha masa térmica y suelen funcionar bien a baja temperatura, evitando el coste de cambiar toda la red de calefacción por suelo radiante o fancoils.

La parte alta aparece cuando toca adaptar la vivienda al clima local. En parroquias del interior como Ardaña o Sobrado, las heladas nocturnas frecuentes exigen equipos con mayor capacidad de arranque en frío. En primera línea de mar, desde Monte Alto hasta Aguiño, el salitre obliga a pedir baterías con tratamiento anticorrosivo específico y ubicaciones resguardadas del viento de ría para evitar ciclos excesivos de desescarche.

A esto suman los gastos de obra si hay que reforzar el cuadro eléctrico antiguo o habilitar un circuito propio con la potencia contratada adecuada. Al pedir presupuesto, conviene exigir que cada partida desglose claramente qué se mantiene de la instalación previa y qué se adapta a la humedad persistente o a la necesidad de acumular agua caliente sanitaria en casas de dos plantas.

Los cinco datos que mueven la cifra en un piso coruñés

El primer obstáculo suele ser el hueco. En la Ciudad Vieja o en Zalaeta, las fachadas catalogadas y las galerías acristaladas del ensanche obligan a buscar rincones discretos para la unidad exterior. El instalador debe verificar si existe un desagüe cercano, pues la humedad constante de A Coruña provoca ciclos de desescarche frecuentes; esa agua generada por la inversión del ciclo necesita una salida clara para no crear problemas con los vecinos ni daños en la obra.

La compatibilidad térmica depende de los emisores actuales. Los radiadores de hierro fundido, habituales en edificios de los cincuenta y sesenta, suelen tener la masa suficiente para trabajar a baja temperatura, lo que favorece el rendimiento de la bomba de calor. Sin embargo, en promociones de los noventa como Matogrande u Os Rosales, es común encontrar unidades de aluminio pequeñas que requieren revisión estancia por estancia para asegurar que no se queden cortas ante la demanda real.

Por último, el estado eléctrico marca el alcance de la obra. Al sustituir calderas de gasóleo o sistemas eléctricos antiguos, hay que comprobar si la instalación soporta el circuito propio y las nuevas protecciones. En zonas densas como Monte Alto o Os Mallos, donde la potencia contratada a menudo queda ajustada, prever este detalle evita sorpresas. Pide por escrito que se especifique el coste de la adecuación eléctrica y el tipo de acumulador de agua caliente sanitaria necesario.

Qué entra y qué no en un presupuesto completo

Una oferta que solo menciona la máquina y su precio suele quedarse corta. Una instalación real en la provincia de A Coruña exige seis bloques claros: el cálculo de carga térmica por estancia, la adaptación de los emisores (cuidado con los radiadores de aluminio pequeños de las reformas), el sitio y anclaje de la unidad exterior con su correspondiente desagüe para el desescarche, la obra hidráulica incluyendo el acumulador de agua caliente sanitaria, la parte eléctrica con circuito propio y potencia ajustada, y finalmente la documentación con el registro de la instalación térmica.

Para detectar qué falta, revisa si aparece explícitamente la gestión del agua condensada. En zonas costeras como Mera o Barrañán, la humedad constante provoca muchos ciclos de desescarche; sin una partida específica para el drenaje correcto, el equipo gotea sobre la fachada o genera hielo en el suelo. Asimismo, verifica si se incluye la limpieza anual del intercambiador, vital donde el aire lleva salitre. Si la oferta no detalla estos puntos técnicos vinculados a nuestro clima húmedo y templado, probablemente esté omitiendo costes reales que aparecerán después. Pide siempre que cada uno de estos seis apartados tenga un importe desglosado.

Comparar contra gas natural o contra gasóleo no es lo mismo

La comparación cambia según dónde esté la vivienda. En A Coruña o en Freixeiro, el punto de partida suele ser una caldera de gas natural moderna y bien ajustada. En cambio, si vives en Oleiros, Ribeira o las parroquias de Arteixo, es probable que estés quemando gasóleo, butano o leña para calentarte. El ejercicio no es igual: medir frente al gas exige analizar un sistema eficiente, mientras que hacerlo frente a combustibles más caros parte de una base distinta. La red de gas llega a pocas ciudades, así que el resto de la provincia depende de otros sistemas.

Lo importante aquí no es calcular cuánto vas a ahorrar, sino entender qué estás sustituyendo. Una empresa instaladora debe ver tu situación real para saber contra qué compite la nueva propuesta. Si tienes radiadores de hierro fundido en una casa unifamiliar con depósito enterrado, el planteamiento técnico difiere del de un piso reciente en el ensanche. Antes de aceptar ningún número, pide que en el presupuesto se detalle claramente qué equipo actual se toma como referencia para esa comparación.

Cómo se lee una comparativa de tres ofertas

Para que la lectura en paralelo funcione, coloca las tres ofertas en columna y verifica un detalle técnico clave: que todas especifiquen la potencia calculada y la temperatura de impulsión. En nuestra costa húmeda, donde el desescarche es frecuente, una bomba que trabaje a baja temperatura rinde mejor si los emisores lo permiten. Revisa después el desglose de cada partida, asegurándote de que se detalla tanto la parte eléctrica como el tipo de radiador o suelo radiante incluido.

No menos importante es qué dice cada documento sobre la ubicación de la máquina exterior. Si vives en primera línea de mar, desde Monte Alto hasta Corrubedo, debes exigir por escrito que la batería tenga tratamiento anticorrosivo frente al salitre. En parroquias del interior como Ardaña o Rebordelos, prioriza la protección contra heladas nocturnas. Este contraste entre el clima litoral y el del interior cambia la instalación y el mantenimiento anual.

Si te resulta difícil pedir estos datos concretos o ordenar la información técnica, utiliza el formulario de esta web para recibir las propuestas ya estructuradas en ese formato de columnas. Así podrás comparar sin perderte en tecnicismos y detectar rápidamente quién ha tenido en cuenta las particularidades de tu vivienda en A Coruña o su entorno.

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